En Argentina, varias provincias están evaluando separar sus elecciones locales de las presidenciales. Esto pasa porque cada gobernador tiene motivos personales y políticos para hacerlo. En 2023, dieciséis mandatarios ya desdoblaron las elecciones para no mezclarlas con la nacional. Y todo indica que muchos más podrían seguir el mismo camino rumbo a 2027.
Un ejemplo es el de Jorge Macri, que considera unificar fechas con los libertarios para tener más fuerza. En contraste, en otros lugares como Buenos Aires, Axel Kicillof aún no define qué hará, presionado por intendentes para desdoblar las fechas.
La cuestión electoral es un juego estratégico. Gobernadores como el tucumano Osvaldo Jaldo y el cordobés Martín Llaryora buscan asegurar su control local desfasando los comicios provinciales. Al decidir en fechas diferentes, evitan que la política nacional les opaque y mantienen más libertad para maniobrar en sus propios terrenos.
Finalmente, el electorado también es un factor crucial en este ajedrez electoral, ya que “el efecto arrastre” de figuras como Javier Milei podría impulsar a los candidatos locales. Así, el desdoblamiento es una herramienta para los líderes provinciales que desean maximizar sus oportunidades sin ser eclipsados por las elecciones nacionales.

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